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Tips sobre un Montevideo visto y no visto para viajeros express

La verdad es que no se si debería escribir este post. Vaya por delante que difícilmente he superado las 40 horas en Montevideo, con las correspondientes 8 horas de sueño, y que mi visión debe ser muy parecida a la que se llevan de Madrid los que se suben al Turibus para ahorrarse pasear la ciudad, mientras se van perdiendo todo el sabor que se esconde en sus calles…

En el equipaje de prejuicios con el que llegué a Montevideo llevaba mi corazón atlético (que desde hace un par de años ha convertido el “uruguayo” en el grito de guerra favorito del Calderón), algún buen amigo Uruguayo, y una excelente impresión general de la “Suiza de Sudamérica”, que se confirmó nada más aterrizar (quizás el contraste con el Aeroparque porteño ayudó a resaltar el nuevo aeropuerto recién estrenado). El primer consejo para el viajero que viaja desde Madrid, y no encuentra vuelo directo con facilidad, es echar un vistazo a las combinaciones en

En el interior se encuentran estupendos mármoles, granitos y basaltos del país y preciosas maderas, paraguayas unas y otras traídas desde Italia. Me ha llamado la atención la ausencia de despachos (hasta la construcción posterior de un edificio anexo de oficinas); un enorme salón de los pasos perdidos que hace de puente y lugar de encuentro entre Congresistas y Senadores, bajo cuyas puertas se encuentran vidrieras que representan la justicia y el trabajo, y que recuerda a la planta enorme de una iglesia sin bancos en la que unos soldados custodian las Actas de la declaración de independencia; una cámara de baja en el que se sigue votando a mano alzada, tras algún intento fracasado de instalar los botones de voto, (un buen sitio para hablar de la modernización de los parlamentos)…

En resumen: una ciudad para 24 horas, que bien se pueden complementar con un par de visitas fuera de la ciudad, Colonia y Punta del Este, aunque esta vez no hubo tiempo.

Para dormir no puedo recomendar sitio alguno. Volvió a tocar el Radisson, que es como todos los Radisson: símbolo de la globalización y la imagen de marca. Uno consigue olvidarse de donde está y volver, por unas horas, a la ciudad de “Radisson”, no es sólo las camas y la tele por cable… la misma alfombra, los mismos ascensores y hasta la misma antipatía en la recepción, como un adn de origen al que no pueden renunciar los miembros de la cadena. Si de mi dependiera buscaría otro sitio, pero si toca, el sitio, en la plaza principal, es inmejorable, y las vistas al mar desde el Restaurante, planta 24 o 25, dignas de atención.

Para comer muy recomendables tanto Paninis, como el Milongón (con espectáculo histórico-folclórico incluido). Pasta deliciosa, carne suculenta, y unos postres en los que el dulce de leche no puede faltar. Tampoco estuvo nada mal el cateríng del Congreso, aunque el primer día situaron en la entrada del comedor a una especie de modelo que no se movió de su puesto mientras se dejaba mirar por los comensales, sin justificar muy bien su labor. Creo que ellos mismos se dieron cuenta de lo ridículo de la situación y el segundo día renunciaron al “exceso” de personal.

PS. 1 aviso y 2 pequeños descubrimientos para viajeros express. Si hacéis escala en Buenos Aires es mejor mirar el billete antes. He descubierto que las compañías, especialmente Aerolineas Argentinas, tienen cierta tendencia a considerar como una simple escala todo un cambio de aeropuerto, sin avisar, ni facilitar la labor de ninguna manera y uno se descubre a las 5 de la mañana, desorientado, obligado a apostar entre el taxi o el autobús de linea (ambos a costa de su bolsillo), en un recorrido que va de los 45 minutos a las 2 horas, según a quien preguntes, y que, en mi caso, se acercó más a las dos horas, de manera “excepcional” a causa de un accidente y sus consiguientes atascos.

Los dos descubrimientos son que el dulce de leche se considera líquido, a efectos de controles de seguridad, especialmente en aeropuertos europeos, y que la policía en España ha empezado a probar unas máquinas que permiten hacer el control de pasaportes electrónicos (o dni electrónicos) de manera automática. De momento (agosto, 2010) la práctica deja mucho que desear, con instrucciones de uso poco claras, tendencia a bloquearse y, sobre todo, sin marchar atrás. Una vez que uno es absorbido por la versión moderna de “la cabina”, no hay forma de salir, con o sin papeles en regla, ni siquiera un botón para comunicar la incidencia… no me quedó otra que intentar la fuga, para delante y para atrás, y hacer saltar la alarma una y otra vez (solo tiene 3 pitidos), hasta que llegó una amable policía que mientras comentaba como por encima: “están fallando mucho”, parecía decir “otro friky que pica”.