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Rio 2016

Hace unos días me incorporé al equipo digital de Rio 2016, en el departamento de redes sociales. Los Juegos Olímpicos son probablemente el evento comunicativo más relevante del mundo, y no hay duda que las redes sociales están llamadas a ser una parte clave de esta comunicación.

Retomo el blog para tratar de ir contando, en directo, y desde dentro, los avatares de esta nueva aventura profesional. Atentos.

Don Pedro de Vega, in memoriam

Subirse en un coche con Pedro de Vega era tentar a la suerte. Según aumentaba la intensidad de la conversación la velocidad iba disminuyendo, hasta llegar a detenerse sin mediar semáforos. A veces daba la sensación de vivir realmente en ese mundo de las ideas de Platón, al que tan bien conocía, del que salía temporalmente para contar lo que había visto.

Don Pedro, como le llamabamos sus discípulos, había nacido para conversar. Alguna vez pensé que el único motivo para que eligiera siempre dar sus clases, en las que hipnotizaba a alumnos de 18 años, a las 8.30 era poder alargar el obligatorio café postclase, siempre tomaba batido de chocolate, hasta el aperitivo. Ir a su casa era un gozoso ejercicio de riesgo. Se sabía cuando se entraba pero nunca cuando se salía. Empezaba comentando la última novedad deportiva, conectaba con la actualidad política, y terminaba hablando de los clásicos. Existían muchas posibilidades de que el discipulo que acudía a su maestro buscando consejo se volviera a casa con los folios sin emborronar y una cita para la semana siguiente.

Llevó el rigor académico hasta un extremo en el que casi llegaba del análisis a la parálisis, lo que le producía sufrimiento, y no es de extrañar que se resistiera a comprometerse con las distintas ofertas de colaboraciones periódicas que recibió. Escribía de manera precisa, atractiva y con mucha facilidad, pero difícilmente quedaba contento con el resultado final, y, en lugar de corregir, muchas veces rompía integramente sus borradores, para empezar otra vez de cero (cuanta sabiduría esparcida por las papeleras de la Castellana). Ese respeto reverencial por la verdad, y la vida que se cebó con él en sus últimos años, le llevó a no terminar nunca su conferencia de ingreso en la academia de Jurisprudencia y Legislación, al que dedicó años de lectura y bocetos varios.

Aún así deja una obra amplia, reconocida en todo Latinoamerica y que se encuentra distribuida en artículos, prólogos, introducciones y conferencias transcritas o grabadas. Pero lo más importante, y asombroso para los que vivimos en cierto modo de llenar papel, es que todo lo que escribió tiene una profundidad y una densidad que se puede decir, sin temor a exagerar, que no sobra nada. Una buena muestra es su gran obra “La Reforma Constitucional y la problemática del poder constituyente” (1985), un libro que treinta años después sigue siendo imprescindible para entender la lógica del Estado Constitucional, y cuya lectura ahorraría muchísimo tiempo y discusiones vanas en esta España, especialmente, ahora que la reforma constitucional se ha convertido en ingrediente obligatorio en casi todos los menús electorales. Parece que el tiempo no pasa sobre sus textos, aunque estuvieran escritos “a caballo de la más rabiosa actualidad”, como sus tribunas en El País de los primeros años, o sus terceras en el ABC (cuyo enlace no puedo encontrar).

Nunca abandonó los clásicos, allí ya estaba todo, solía decir, y a ellos volvió, para quedarse, en los últimos años de su vida. Admiraba la filosofía griega, y el pensamiento político de la Florencia del Renacimiento, donde se imaginaba paseando por los Orti Oricellari, mediando entre Guicciardini y Maquiavelo. O la Francia de la ilustración de Monstesquieau, del que tradujó con maestria junto a su compañera inseparable Mercedes, “El Espíritu de las Leyes”.

Director de la Revista de Estudios Políticos, Doctor Honoris Causa por la UNAM, Miembro de la Junta Electoral Central, Vicepresidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional, Catedrático en Salamanca, Alcalá de Henares y la Universidad Complutense, también tuvo su experiencia mediática como editor de ese experimento periodístico a principios de los 90 que fue el diario el Sol. Mas impulsivo que Maquiavélico, con un corazón enorme. Maestro y un poco padre de toda una generación de académicos latinoamericanos que nunca le retirarón el DON, a pesar de ocupar magistraturas muy relevantes en sus países de origen. Mi segundo maestro,Descanse en Paz.

Foto: UNAM

El NYT o la Casa Blanca, ¿quién influye en quién?

El día 11 de octubre, dos meses antes del anuncio de normalizar relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, el New York Times publicaba un editorial sorprendente en el que abogaba de manera directa, y sin motivo aparente, por el fin del embargo. El editorial, coherente con la línea del periódico hasta la fecha, sorprendía por el momento, en plena batalla electoral de las midterms norteamericanas. En una decisión sin precedentes el periódico decidía además publicar una versión integra del editorial en castellano, y el editorial, oportunamente divulgado por los medios de comunicación oficiales y el propio Fidel Castro, recibió un amplio eco en la isla.

Una semana después el periódico insistía en el tema cubano, con otro editorial en el que ensalzaba el papel de los médicos cubanos en la lucha contra el ébola. En lo que se convertía en la segunda de una serie de siete editoriales (que incluían la petición de un canje de prisioneros) que llegarían hasta el día 15 de diciembre, dos días antes del anuncio, cuándo el NYT se refería directamente a la situación de la economía cubana y a cómo Obama con una serie de medidas podría ayudar a mejorar la economía de Cuba.

Lo explicaba unos días antes Ernesto Londoño, editorialista del NYT, a la Cadena Ser. Según el editorialista de origen colombiano, incorporado recientemente al periódico procedente del Washington Post, las editoriales buscaban influir en la administración “en un momento en el que la Casa Blanca va a tener que tomar decisiones”. Además, consciente de la dificultad de que un Congreso republicano levantara el embargo apuntaba a una serie de medidas que podría adoptar de manera directa el Presidente norteamericano: “Puede reanudar las relaciones diplomáticas con Cuba, puede flexibilizar un poco más las restricciones de viaje y los mecanismos para que las personas en EUU envíen dinero a Cuba, tanto a sus familia e inviertan en los nuevos negocios en la isla”.

Como señalaba Carlos Alberto Montaner la sucesión de acontecimientos no parece casual, y la pregunta es si el New York Times ha sido capaz de marcar la agenda de la Casa Blanca, o ha sido esta la que ha ido sembrando de interés e información al equipo editorial del Times para tantear primero y preparar después a la opinión pública norteamericana.

En la entrevista citada, el editorialista del NYT anunciaba que la serie no iba dirigida sólo a Estados Unidos y que continuaría con “una serie de llamados al gobierno cubano”, quedamos a la espera, y confiamos en que la normalización iniciada no incluya el silencio del periódico norteamericano en este tema.

Aquí podeis acceder a los editoriales:
11.10 Tiempo de acabar el embargo:

19.10. La impresionante labor de los médicos cubanos

26.10 Los cambios electorales respecto a Cuba

3.11 Un canje de prisioneros

9.11 Desventuras al derrocar un régimen

17.11 La fuga de cerebros

15.12 La economía de Cuba en una encrucijada.